Una madre contra los prejuicios de la paraplejia

La madre de Mohammad lo espera a su llegada a casa. Foto: Pelu Vidal
Cuando Mohammad nació, su madre, lejos de recibir la simpatía del personal del hospital y de sus vecinos, sintió el dolor de «consejos» que le decían que «lo aislara, que lo dejara sólo en un cuarto». Mohammad había nacido con espina bífida y, por lo tanto paraplejia.

«Me dijeron que tenía un problema en la columna, que sería parapléjico. Me quedé sorprendida cuando recibí consejos de la gente diciéndome que lo dejara en una habitación solo, que nadie del pueblo lo viese; pero rechacé todo eso porque hacerles caso tendría efectos psicológicos en él y en mí. Para evitar esto, lo introduje en la sociedad, lo metí en muchas actividades para evitar que fuese estigmatizado, lo llevé todos los días al colegio para que estudiase».

En la actualidad, Mohammad Ra´oof Abed cursa el tercer año de estudios universitarios en Trabajo Social. Los estudios los realiza a través de la universidad a distancia de Al Quds, en la propia Jenin. No puede asistir a todas las clases de forma presencial porque el actual edificio de la facultad carece de ascensor y parte de las lecciones se dan en el segundo piso. La nueva facultad que se proyecta construir sí estará adaptada pero, para entonces, él ya habrá acabado.

Su sueño es licenciarse dentro de un año y empezar a trabajar con las asociaciones con las que colabora para ser útil a gente que como él tiene alguna discapacidad o que precisa de una asistencia especial. Una de estas organizaciones, es la Media Luna Roja de Jenin donde recibe las llamadas de emergencia, coordinando la salida de las ambulancias. «Quiero ayudar a la gente», señala.

Al preguntarle a su madre qué siente cada vez que lo ve, moviéndose con tanta soltura por la ciudad y con un porvenir fuera de la estigmatización, su cara se llena de luz: «Me siento feliz».

Mohammad, en la centralita del servicio de emergencias de la Media Luna Roja, en Jenin.
Foto: Pelu Vidal
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