Carmen, la fuerza del espíritu

Tenía 19 años de edad cuando su brújula vital le indicó el camino hacia Suiza desde su Ourense natal, como respuesta a un anuncio de oferta de empleo de un país donde no contaba con referentes. En el estado de los cantones, del techo nevado de Europa del Jungfraujoch, pasaría diez años trabajando en diversos trabajos de hostelería hasta que, embarazada de seis meses, retornó a Galicia.

Desde esa vuelta a Auria, Carmen González Freitas fue encadenando trabajos de hostelería, con los del horno de una panadería o elaborando cableados. En este último ya «no aguanta estar de pie», señala. Ahora Tras dos años en el paro y con una discapacidad del 33% -a causa de la osteoporosis y del desgaste en la columna- esta mujer, de 52 años de edad, lamenta que se le hace «complicado» trabajar tanto «de pie como sentada; se me agarrotan las articulacones». «Todo es dolor» para el que n queda otra solución que la ingestión de «calmantes», precisa.

Ante esta dolencia y la situación laboral forzada por la crisis, esta mujer de forza druida, reconoce que «no se consigue un trabajo así como así que se adapte a mis circunstancias». No obstante, en su caso, las barreras no las pone su espíritu sino una sociedad y un tejido empresarial sordos, ciegos y al mismo tiempo mudos. «Vas a una entrevista, te exponen el trabajo y te preguntan ¿pero tienes capacidad para hacerlo? Y no te contratan porque piensan que vas a coger una baja laboral», señala soltando cada palabra con un rostro triste, consciente de la situación.

Uno de estos «noes» que más le ha dolido fue el de la ONCE a la que había presentado una instancia para ser vendedora de cupnes. Tras pasar por inspección, «me dijeron -recuerda- que no porque mi discapacidad iba en aumento».

Cuando le preguntan qué sintió en ese instante, se toma unos segundos para pasear a mirada por dos puntos perdidos en el aires antes de responder: «Sentí rabia. Nunca he cogido una baja ni siquiera cuando estaba en la panadería donde había días que empezaba a trabajar a las tres de la mañana».

Este presente que podría llevar a los débiles de espíritu a quejarse de estación en etación sin mover las piezas del tablero, impulsa a Carmen a justo lo contrario: a mantenerse activa, aprendiendo, superándose a sí misma.

En los dos últimos años, Carmen ha realizado diversos cursos con la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (Cogami) en Ourense. El último -acabado el pasado mes de octubre- le ha servido para descubrir un nuevo aliado en casa: la computadora, mediante programas de mecanografía, Word, Excel, Access y contabilidad. «No sabía nada de ordenadores. En mi casa, tenemos uno, el de mi hija pero yo ni sabía cómo entrar. Ahora, ya no le tengo miedo al ordenador», explica con una sonrisa presumida y una nueva luz en los ojos.

Con estos conocimientos y otros de hostelería y un curso de cocina que espera recibir pronto, Carmen ve cada día más cerca su sueño de regresar al mercado laboral. «Yo he pensado trabajar en lo que más me gusta, la hostelería. Mi hija y yo hemos pensado en coger un bar donde también pongamos comidas. Me veo capaz de llevarlo. Al ser nuestro, podría tomarme un descanso pequeño cuando lo necesite», a lo largo del día y sin que la actividad del establecimiento se resintiese. Para Carmen, el futuro pinta «bien».

Texto: Mar Pérez

Foto: Marcos Míguez

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